PÁGINAS

jueves, 5 de septiembre de 2019

FASCISMO Y NEOFASCISMO



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MANOLO.- Si, como me decías, puede ser interesante hablar un poco de los nuevos postfascismos o derechas radicales, aún sabiendo que es un tema reciente y que se está teorizando ahora, en plena efervescencia de los mismos y sin que sepamos cómo va a evolucionar en el futuro próximo. Puede ser interesante, como historiadores, ver diferencias y similitudes con los años 20 y 30; comparar los contextos. Adelanto un hecho que me parece fundamental: aquel fascismo no se puede explicar sin el miedo palpable de las democracias occidentales a la extensión del modelo de la revolución soviética a los países occidentales. Casanova insistía en la importancia de este fenómeno, sin el cual, yo también lo creo, no se puede explicare el fascismo histórico.

domingo, 1 de septiembre de 2019

AFORISMOS 1


  • Nietzsche se equivoca radicalmente al suponer que ha sido el cristianismo el que ha provocado un hombre débil, enfermo y rebañego. Lo ha visto mejor Mounier: es el mundo burgués el que ha reblandecido al cristianismo. No al revés.
  • miércoles, 21 de agosto de 2019

    ¿INOCENCIA CULPABLE? y 5. MANOLO


    Ayer estuve leyendo un artículo que saqué de un blog titulado algo así como "La cabaña de Babeuf". No sé muy bien quién lo lleva, pero cuelgan cosas interesantes de pensamiento. Hay alguien que habiendo hecho una tesis sobre el concepto de autoridad en Ana Arendt, tenía allí un artículo en el que reflexionaba sobre la derecha radical actual a través de citas de "Los orígenes del totalitarismo". También citaba otros autores que se ocupan de la cuestión, como Traverso. Te lo guardo fotocopiado, por si acaso. Te propongo -y es la última vez que sugiero el tema- que reflexionemos un poco sobre ese asunto (el artículo es un buen punto de partida, aunque se refiere a Vox). Si alguien se anima mejor, todos enriqueceremos nuestras razones.

    INOCENCIA CULPABLE IV. ROBERTO


    E incluso de Pericles acuérdate de Tucídides cuando decía, en relación a Atenas, que "en nombre era una democracia pero que, de hecho, estaba gobernada por su primer ciudadano". En Atenas, como lo muestra Vidal en "Creación", la aristocracia gobernaba hubiera o no democracia. Aparte de que el rango de <ciudadano> no sería aceptable en los términos actuales. No es una cuestión sólo de clase sino de especialización, porque la política diga lo que se diga es un trabajo. El Estado surge ante la necesidad de personas encargadas de distribuir los excedentes de la cosecha. Es probable que no sea "natural", que unos hombres dominen a otros pero, desde luego, es lo que ha vivido la historia de la humanidad en su mayor parte. 
    Sobre la educación. Ésta es imprescindible pero no revolucionaria. Es una base pero se trabaja con personas y no se las puede dominar, ni a éstas ni a sus pasiones. Todos los proyectos, desde Platón, que han intentado construir una sociedad perfecta desde la educación han fracasado estrepitosamente. La educación pública ha creado mejores sociedades pero hay cosas que no van a desaparecer. 
    Y al contrario de lo que dices, sí hubo ilustrados que fueron conscientes de los males que aquejan al hombre en su faceta pública (por no hablar de la privada). Los Padres Fundadores son los mejores en este sentido, como ya has podido comprobar. Hay dos referencias interesantes al respecto: "Los orígenes ideológicos de la revolución norteamericana" de Bernard Bailyn y "The Radicalism of the American Revolution", en la que explican muy bien las prevenciones que los Fundadores tomaron para preservar un orden republicano de los intereses privados y de cómo, progresivamente, el orden político estadounidense viró desde este inicial republicanismo hacia el liberalismo. De la importancia de servir a lo público, a la importancia de garantizar la ganancia en lo privado. Un giro interesante porque es comparable al que se dio a partir de finales de los años 70 con Reagan y Thatcher, corrompiendo el consenso socialdemócrata.  


    martes, 20 de agosto de 2019

    ¿INOCENCIA CULPABLE? DEBATE III


    MANOLO.- Parece que tendremos que admitir que la política sea un asunto de minorías, que solo en momentos puntuales –como dices- la “multitud” irrumpe en la historia; pero como sabes qué bien suenan los discursos de Pericles o del Incorruptible cuando apelan a la plena responsabilización de los ciudadanos y qué elitista (y por supuesto conjetural) suenan las palabras de aquellos (Aristóteles, Platón) que dan por supuesto que solo los ociosos y propietarios tienen interés en los asuntos públicos: esto no es un hecho ‘natural’ pero ha actuado históricamente como si lo fuera. Así es. Incluso cuando triunfan las revoluciones hechas por la mayoría y para todos, pronto las nomenclaturas se apoderan de la estructuras del estado y se reproducen, aunque sea de otra manera las jerarquías sociales. China. URSS.
      Siendo cierto, no obstante, llevamos demasiados siglos de vida racional, de instituciones liberales y de estructuras educativas que deberían haber dado como resultado seres más conscientes y volcados en la tareas públicas. Seres menos propensos a los cantos de sirena de los nuevos populismos, etc. ¿Qué te voy a decir que no sepas? Por otra parte, tal vez estemos sobredimensionando la capacidad de la <<educación>> para cambiar o mejorar las cosas. Este presentimiento ilustrado no fue un axioma infalible y los atentos a las pasiones más funestas que ocultamos fueron muy pronto escépticos ante la buena intención de todos los <jovellanistas> del mundo.

    lunes, 19 de agosto de 2019

    IGNORANCIA CULPABLE II. ROBERTO


    ROBERTO
    Bueno, el asunto que has introducido es bastante complejo. En primer lugar, no creo que sea únicamente un problema de la democracia española sino de los sistemas políticos asentados durante décadas en los países occidentales. ¿Hasta qué punto la ignorancia es real? Hay asuntos que han despertado la conciencia política de muchos como el Brexit o Trump (a favor o en contra). Sigue habiendo pasión política y asuntos muy divisivos. Tus preguntas parecen orientadas más al día día y sus problemas estructurales. Bueno, la política, como el estudio del latín es un asunto de minorías. Lo ha sido siempre. Sólo en períodos muy de extremos, como el período entreguerras, la política parecía ser un asunto central en la vida de las personas. ¿Queremos volver ahí? La política y su interpelación por la mayoría sólo cobran protagonismo en momentos excepcionales. La gente tiene una vida.

    Por otro lado, sí que hay ciertas cosas que no pintan bien. Por ejemplo, hay una total indiferencia por los asuntos internacionales. La política es vista como una cosa de élites y no como una práctica social de lo común. No hay cultura de lo público. ¿A quién podemos exigir culpas? En el fondo son dinámicas muy difíciles de controlar. Cosas como una asignatura de Educación para la Ciudadanía eran un buen punto de partida. Existe una evidente falta de cultura política. Los profesores de Ciencias Sociales no pueden cubrir satisfactoriamente ese nicho. Los de filosofía creo que tienen temarios demasiado abstractos como para poder hacer algo.

    Por último, la cultura popular no favorece en nada una querencia por lo político. Pensemos, por ejemplo, en las series que de alguna manera lidian con el tema. Desde House of Cards a Juego de Tronos, la política es vista como algo negativo y basado en conspiraciones, juegos personales y protagonistas viciosos. La última serie optimista sobre el tema fue El Ala Oeste de la Casa Blanca. Lo interesante aquí es que la cultura popular identifica la política con los otros, con gente que no es del mundo del ciudadano de a pie. Hay, por así decirlo, una diferencia cada vez mayor entre el "país oficial" y el "país real". Nuestras democracias cada día se parecen más a la Monarquía orleanista y a sus ministros liberales doctrinarios.



    domingo, 18 de agosto de 2019

    Ignorancia culpable




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    Son pocos los intelectuales o cualquiera de los personajes que hoy influyen en la opinión pública (pensemos en los <<tertulianos>>), que se atrevan a decir claramente que hoy la ignorancia en general, y en asuntos públicos, en particular,  es una verdadera <<culpabilidad>>, intransferible a otros. Si ya hace más de dos siglos que Kant hablaba de esto al principio de su ¿Qué es la Ilustración?, insistiendo en que la opinión pública debería empezar a ser ya mayor de edad, ¿qué podemos decir de una sociedad de alfabetización completa, con estudios obligatorios y con millones de licenciados universitarios? Y, sin embargo, mi impresión es la misma que analizaba Antonio Muñoz Molina en uno de sus ensayos: la increíble incultura (también política) de los ciudadanos españoles, su desapego a una verdadera implicación en los asuntos públicos, su manifiesta conformidad con los eslóganes de los partidos políticos, cuyos cuadros están por lo general también poco formados (pues relativamemente informados no quiere decir formados). Los políticos reflejan sin duda ese exceso de incultura general que advertimos con estupor, deprimentemente muy aguda en jóvenes españoles por debajo de los 40 años. Esto es una desgracia que tiene, claro, inmediata repercusión en la calidad de nuestra vida política, nuestras decisiones electorales, nuestra falta de interés por los asuntos europeos, etc. Pero, sin duda, empobrece también la calidad de nuestra vida civil; allí donde no se habla de deporte se habla de <<política>> en términos sumarios. Sin duda muchos factores contribuyen  a todo ello. ¿Qué papel juega la calidad de nuestros diarios, su falta de neutralidad en los análisis y su sesgo escandaloso a favor de unas u otras opciones políticas, su presencia, que se acerca a lo irrelevante, la sustitución de la reflexión larga,  leída, meditada, por la consulta multitarea a la información digital? ¿Qué responsabilidad la caída de la formación humanística en nuestras universidades, de donde solo parecen salir especialistas?

    domingo, 5 de mayo de 2019

    EMIL NOLDE, Crucifixión, 1912


    EMIL NOLDE, Crucifixión, 1912

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    Emil Nolde (1867-1956) perteneció al movimiento estético del “expresionismo” alemán, que tuvo vigencia en la segunda y tercera década del siglo XX, coincidiendo con la coyuntura de la I Guerra Mundial y la llamada <Europa de Entreguerras>. Si los postimpresionistas, especialmente Van Gogh y Gauguin habían convertido el color en un elemento para plasmar no la ‘realidad’ sino la realidad ‘interior’ del artista, como proyección de sus sentimientos y estados de ánimo, los expresionistas, continuando con esa fórmula de colores ‘arbitrarios’ y deformando conscientemente la naturaleza para hacerle decir todo lo que ellos pretendían, llevaron aquella nueva radicalidad a su máxima expresión.
      Aunque no todos lo reflejan de la misma manera (pensemos en Fran Marc y sus <<caballos azules>>), ciertamente el tono vital y la filosofía de fondo de estos creadores fue fatalista y pesimista, de la misma forma que sus hermanos expresionistas en esos años de la cinematografía alemana (Wiene, Lang, Murnau). Hay que comprender porqué –aunque no tengamos espacio para profundizar en las razones-, aquéllos artistas fueron tan ‘trágicos’. Alemania provocó y padeció la insoportable tensión prebélica, luego la terrible guerra del 14-18 y los años que la sucedieron, los años de la República de Weimar, fueron de enorme inestabilidad política y de grandes desastres económicos; aunque, eso sí, también una cierta edad de oro de la cultura alemana (los años de la Bauhaus, de la Escuela de Francfort..). Años creativos, pero dramáticos y angustiosos que el arte reflejó en toda su cruel dimensión. Hay que tener en cuenta, además, que el sueño burgués ‘optimista’ y la ideología de tradición ilustrada habían cedido paso, con el cambio de siglo, a corrientes de pensamiento individualistas, críticas con el mundo industrial, cuando no fuertemente irracionalistas.
       Nolde nos presenta aquí un tema aparentemente ‘religioso’: nada tan clásico y tradicional como una crucifixión, seguramente el tema más reiteradamente repetido de toda la pintura y escultura occidentales. Pero, si os fijáis bien, nada en este cuadro nos hace pensar en la ‘victoria’ del hijo de Dios. Y es que, curiosamente, ha sido (con los precedentes de Gaugin y sus Cristos ‘amarillos’, y también Van Gogh, Daumier, etc.) la época de la des-creencia, del ateísmo, la que mejor ha sabido atisbar la idea de un dios sufriente, vencido, ‘rebajado’ a la condición de esclavo, como decía Pablo en su epístola a los Colosenses. Cristo (también en Goya que lo identifica con el español que abre sus brazos a la muerte en El 3 de mayo) ya no es el símbolo de una fe y una victoria, sino sólo el paradigma del justo que sufre, del oprimido, del inocente, de la debilidad…, el Cristo que expira diciendo ¡Padre!, ¿por qué me has abandonado? El Cristo de Nolde es también, como decía nuestro poeta León Felipe, el niño judío que esperaba a que abrieran los hornos crematorios... Nolde nos ha representado, con una sensibilidad plenamente contemporánea, a todas las víctimas, a los ahogados silenciosos de cada día en el Mare Nostrum, a todos los que nos interrogan en silencio sobre nuestra comodidad satisfecha.

    sábado, 20 de abril de 2019

    A ANTONIO MACHADO

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    Ojos cerrados que no ven la tierra
    de España, ni sus hombres, ni sus ríos,
    ojos que lucidez dan a los míos
    y a la cansada patria o lo que fuera.

    Hace ya ochenta años que descansas
    en tierra noble, sí, aunque extranjera.
    Te llevó allí la furia de la fiera
    tu compromiso con la España mansa.

    Descansa noble Antonio, siguen vivos
    en ti el olmo, la luz, el de Mairena,
    y aun los días azules, los olivos,

    el patio de Sevilla, la saeta
    y aquella manera de ser español,
    “de espíritu burlón y de alma quieta”.



    sábado, 30 de marzo de 2019

    LAS REFLEXIONES DE ENRIQUE ME HAN HECHO PENSAR EN ESTE VIEJO ARTÍCULO


    La controversia de Valladolid

    a Pilar Criado
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    En el año 1550 tuvo lugar en la ciudad castellana de Valladolid la famosa controversia, consecuencia del descubrimiento y colonización de América por los españoles. Allí se enfrentaron dos visiones antagónicas de la evangelización y de lo que hoy –mutatis mutandis- llamaríamos interculturalidad. Hoy aquel debate vuelve a estar de actualidad por la obra teatral que con el mismo título ha escrito Jean Claude Carrière, célebre guionista de Buñuel, y que ahora se representa  en los escenarios madrileños.
                Por un lado Ginés de Sepúlveda, por otro el dominico Fray Bartolomé de Las Casas, el famoso autor de la  Breve Relación de la Destrucción de Indias, escrito que algunos situaron como origen de la Leyenda Negra. Ambos tenían que dilucidar ante el enviado papal si los indios tenían alma, eran o no criaturas inferiores, descendían de Adán o del Diablo. En el fondo, sin embargo, toda una reflexión jurídico-teológica sobre el derecho de conquista y la colonización del Nuevo Mundo.
                El impacto producido en los europeos por el descubrimiento de culturas desarrolladas, con organizaciones rituales y credos tan ricos como los que los españoles se encontraron en el Nuevo Mundo tuvo que ser tremendo. ¿Cómo actuar? ¿Conquista militar y evangelización forzosas (Sepúlveda)? ¿Negación de la reducción del indio a la esclavitud, evangelización amistosa y respeto (Las Casas)? Con el primero comulgaban desde luego conquistadores y hacendados; la Corona española  estuvo cerca de las posiciones de De las Casas, aunque es verdad que con escaso eco en la realidad cotidiana de un continente que veía perder a sus hijos originarios, diezmados por las epidemias, la brutalidad y unas formas de trabajo que desconocían.
                Pero aquí no queremos repasar la historia de aquellos días sino traer este ejemplo a nuestro  presente en el que, de una u otra forma, siguen los ‘sepúlvedas’, los ‘De las Casas’, y otros, posicionándose ante los fenómenos que la mundialización está provocando: inmigración, coexistencia de religiones y de razas.
                Abundan desgraciadamente los sepúlvedas, los que desde el cálculo político denuncian la inmigración, excitan con sus palabras mal disimuladas a los naturales de España a ver en el inmigrante el origen de los defectos en los servicios sociales y educativos, los que se quedan  las plazas en las guarderías, los que –dicen-  quitan el trabajo. Políticamente saben lo que quieren: crear ese clima hostil a  los inmigrantes, presentarse como fuerzas políticas que priman a los de aquí y buscar el voto egoísta, aunque mal informado, en las contiendas electorales. De nada sirve que los datos reales demuestren lo contrario; de nada sirve argumentar que los inmigrantes, en una importante medida, estén sosteniendo sectores económicos que, sin ellos, se desplomarían, sea la construcción, la hostelería, los invernaderos o ciertos servicios sociales; de nada sirve decir que contribuyen a la riqueza nacional, a la Seguridad Social, a invertir el sesgo de la demografía, a llenar las escuelas… Y sobre todo de nada sirve decir que son mujeres y hombres iguales en derechos y dignidad a nosotros; hijos de Dios, si se quiere decir en otros términos.
                Pero la esperanza nos la devuelven los ‘De las casas’, que no dicen pero actúan. ¿Quiénes son? Hombres y mujeres que, desde organizaciones no gubernamentales, religiosas y laicas, les ayudan y  sostienen sin registrarles los bolsillos en busca de papeles; hombres y mujeres individuales, de todas las ideologías, de toda condición social.
                El Gobierno de Zapatero hizo lo que tenía que hacer en el proceso de regularización que en el 2005 hizo emerger de la clandestinidad a la normalidad laboral a centenares de miles de personas; lo hizo porque era su deber y su vocación como gobierno de izquierdas, y las consecuencias han sido beneficiosas. No hay más que oír a los sepúlvedas de turno clamar desde el absurdo para no aceptar un proceso modélico que todos pueden ver y que el Consejo de Europa acaba de reconocer.
                Los pueblos pobres de la tierra no han llegado ayer a la existencia: en su seno se acumulan en muchos casos milenios de civilización, tan  antigua como la nuestra. Salimos de nuestro viejo continente; descubrimos América, colonizamos y descolonizamos África… ¿Vamos a negar el daño que Europa ha infligido a todos estos pueblos?, ¿que lo principal en el ánimo conquistador fue la codicia? España fue el único pueblo que al menos se planteó los límites de la colonización o los derechos y la dignidad de los colonizados, como en la Controversia de Valladolid (1550), entre posturas que defendían o denunciaban la conquista.


    [Publicado en La Rioja, el 5 de marzo de 2006]



    martes, 5 de junio de 2018

    DEL BLOG DE ENRIQUE GRACIA: "elmaestrodelsilencio"


    sábado, 2 de junio de 2018

    Rajoy, fin de la c(u)ita



       La caída de Rajoy puede parecer, a primera vista, tan inesperada como oportuna. Solo hacía una semana que el Congreso había aprobado los Presupuestos Generales y el ex presidente daba por hecho finalizar la legislatura no antes de 2020. Y en cuanto a la oportunidad, hoy se despeja el camino a la recuperación del gobierno autonómico en Cataluña después de siete meses de Artículo 155.
       Sin embargo, un análisis de más calado permite ver que el germen del hundimiento estaba en el panorama político desde hace un tiempo. No es banal reparar en que la mayoría parlamentaria que ha derribado el gobierno de Rajoy es la misma que salió de las elecciones de junio de 2016. ¿Qué ha variado pues para que haya triunfado la moción de censura? En primer lugar, el valor del intento previo de UP y la candidatura de Pablo Iglesias. El líder de PODEMOS no consiguió el objetivo, pero puso los puntos sobre las íes al señalar la corrupción antigua y constante de muchos de los dirigentes del PP. En segundo lugar, el cerco mediático y judicial a esa corrupción, que se ha incrementado desde entonces, con la aparición, para desgracia del PP y de Rajoy, de más casos, algunos tan sonados como el de Cristina Cifuentes o el de Eduardo Zaplana. En tercer lugar, como se ha visto, la sentencia del caso Gürtel. Ha sido la gota que ha colmado el vaso, es lo que han debido de pensar los grupos parlamentarios que han votado contra el gobierno del PP. Pero era una bomba de espoleta retardada. Pese a sus 134 diputados, el PP ha estado en minoría evidente en la cámara. Todos los demás, por razones diversas, estaban contra él. Los catalanes y vascos, por razones relativas al encaje territorial, sin mencionar la escalada del asunto de Cataluña. UP y PSOE, porque son partidos de izquierdas y, en el caso del segundo, por los impulsos renovados tras el triunfo hace un año de Pedro Sánchez en las primarias para la secretaría general de su partido. S0lo hacía falta un catalizador que hiciese explotar al gobierno. Y se produjo con la sentencia. Pero no hay que despreciar el arrojo de Sánchez al presentar la moción de censura.
       El PP ha cavado su propia fosa. Pero no es la primera vez que lo hace. En las dos ocasiones en que ha gobernado en España, con Aznar y con Rajoy, ha salido de mala manera. El 14 de marzo de 2004 el PP perdió unas elecciones que cuatro días antes se auguraban victoriosas. Las perdieron por la mentira contumaz y torticera sobre la autoría del atentado del día 11 de marzo en Madrid. Parece que no aprendieron la lección: la corrupción y las mentiras sobre ella han hecho hartarse a sus señorías. Rajoy mintió en la pantalla de plasma, mintió el 1 de agosto de 2013 en el Congreso, mintió en su declaración como testigo ante los jueces en julio del año pasado y ha desdeñado sistemáticamente las preguntas de la prensa sobre los casos de corrupción de su partido. Mentir de nuevo sobre la sentencia era la única estrategia posible, pero esta vez no les ha funcionado. Hay un límite para todo.
       La estrategia de Rajoy, tan alabada por la prensa de derechas, de dejar pasar el tiempo ha contribuido poderosamente a su caída. Y con ella arrastra a su partido. El talante personalista del PP ha impedido la aparición de voces críticas y cuando han surgido han sido ninguneadas o acalladas radicalmente, como con Cifuentes. La inacción, la pasividad, la putrefacción de la ética política de Rajoy son los culpables de la caída. El otro escalón en el que Rajoy ha tropezado ha sido Cataluña: no vale la pena referir los aspectos tan lamentables de una gestión errática y cobarde. Todos recordamos las visitas inútiles de la ex vicepresidenta al señor Junqueras, las cargas policiales contra ciudadanos en su mayoría indefensos el 1 de octubre del año pasado, la instrumentalización de los tribunales para resolver la ausencia de políticas de diálogo. Alargando los tiempos, Rajoy ha durado menos que Aznar y menos que Rodríguez.
       Pero volvamos a la moción del día 1 de junio. La audacia de Sánchez ha generado varias consecuencias:
    1.       La perspectiva de una cierta unidad de la izquierda política, añorada por amplios sectores de la ciudadanía que han visto con desencanto la lucha interna en el PSOE tras el descabalgamiento de su líder el 1 de octubre de 2016; y de quienes votaban a PODEMOS con la esperanza de mayores réditos electorales para un cambio de envergadura.
    2.       Ciudadanos ha quedado descolocado. Solo había que ver el gesto descompuesto de Rivera en la tribuna o en el saludo de felicitación al candidato investido. Su apuesta de adelanto electoral, basada en las encuestas, ha quedado desvirtuada. Tampoco estaba claro el auge de su formación en las generales. El modelo catalán, que allí si triunfó con Inés Arrimadas, no tenía por qué repetirse en España.
    3.      La liquidación del problema Rajoy/PP. Se intuían más casos de corrupción, más desmentidos y falsedades del gobierno anterior y más inacción desidiosa sobre Cataluña. Un partido que empezó  a lucrarse en los tiempos de Aznar mediante la adjudicación de obra pública y grandes eventos a cambio de comisiones ilegales que eran repartidas entre sus principales dirigentes y acumuladas por la tesorería de la calle Génova y en las bancas de Suiza no podía seguir gobernando. Hace ya tiempo que Sánchez le dijo a la cara a Rajoy que no era decente. Ha tardado un poco en actuar en consecuencia.
    4.      El final del gobierno lleva implícito el final de una política típica de la derecha española de la democracia que Rajoy ha llevado a su máximo exponente: la soberbia y la impunidad. La soberbia del “no me voy, me quedo, me voy a quedar”. Rajoy ha caído como sus predecesores corruptos. Aguantando el sillón frente a toda evidencia, sostenido en la mentira y hasta el límite de lo racional. Solo que la caída de Rajoy ha tenido tintes de drama shakespeariano. Bien está lo que bien acaba.
       Ahora se intuye una oposición feroz. Es posible. Pero antes el PP va a tener que afrontar su proceso de renovación. Las victorias unen del mismo modo que las derrotas separan. Rajoy no tiene ya afectos, excepto los pocos que decidan dejarse arrastrar al precipicio con él. La lucha interna empieza enseguida. Y el ex presidente no sobrevivirá a ella. El PP debe renovarse completamente. Eso los mantendrá ocupados. Siempre habrá que aguantar a ese hincha violento y vaporoso que es su portavoz, esgrimiendo los fantoches de una ultraderecha que sigue sin transigir con la memoria histórica, con los nacionalismos, con los imaginarios lazos de PODEMOS con el terrorismo etarra o iraní, con los populismos, con la “traición” de Ciudadanos…
       El corolario es que la democracia, lejos de estar en crisis, se renueva oportunamente gracias a la irrupción de nuevos partidos, a la aparición de movimientos sociales de todo tipo (15-M, plataformas antidesahucio, movimientos feministas y contra la violencia sexual, pensionistas) que ofrecen resistencia a políticas (antipolíticas) que, con el pretexto de la crisis, han ahondado la brecha económica entre las clases y han llevado a una parte de los ciudadanos a una situación de precariedad que supone la antítesis del objetivo de justicia social que debe ser el fundamento de una democracia moderna. La derecha española de Rajoy ha empeorado notablemente respecto a la de los tiempos de Aznar. Por incompetencia, por falsedad, por corrupción, por mendacidad y por falta de sintonía con las clases menos favorecidas. Librarse de ella era una obligación y un propósito que pareció necesario a sus señorías. La estrategia de Ciudadanos quedaba fuera de la foto. No había alternativa: con Rajoy o contra Rajoy. La torpeza del ex presidente y de su partido fue no ver que todos estaban contra ellos. No se habría entendido que el PNV hubiese votado otra cosa.


       La imagen del escaño vacío toda la tarde del día 31 fue un reflejo del mandato del gallego: puro escapismo, mezcla de su crónico desdén y su patológica cobardía. No sabemos si en el reservado del restaurante en el que pasó la tarde lo dejaron fumarse un puro, pero sí advertimos en televisión su paso tambaleante al franquear el umbral. Quizá ha sido la imagen más humanamente irresponsable del general que intuye la derrota. Ya puede ser compadecido, aunque a muchos nos va a costar.

    MERCANCÍAS FICTICIAS. RECUPERANDO A POLANYI

    El cuaderno 216 de CJ (Cristianisme i Justicia) dedica su análisis que llama "Mercancías Ficticias" a recuperar la figura...