Quienes
tratan de explicar el auge de los neofascismos en el marco de las
transformaciones del modelo económico (neoliberal) deben complementar (según su
especialidad) la explicación «externa» (factores económicos, cambios sociales, mentalidades,
etc.), con los «internos» (las
transformaciones del individuo en esta fase actual del capitalismo). Los autores
del texto sobre el que estamos reflexionando[1]
atienden principalmente al primer grupo de explicaciones.
Se mencionan referencias a autores
(psicoanalistas, freudomarxistas) que han incidido en las explicaciones sobre
la «personalidad» del individuo
autoritario: psicología de masas (Reich), miedo a la libertad
(Fromm), «personalidad autoritaria» (Adorno).
También Clara Ramas San Miguel hace una interesante reflexión sobre la «psicología» del
individuo de este momento de la fase histórica[2].
Según esta autora el proyecto neoliberal –y en esta línea se
encuentra también Byung Chul–Han-
requiere un homo oeconomicus, un
individuo completamente atomizado. Y afirma:
Esta construcción del sujeto individual atomizado es compatible con contenidos ideológicos tradicionales
conservadores –como el thatcherismo-, pero incluso también con contenidos culturales
progresistas
Lo que en
cualquier caso resulta cierto es que lo común a todas las formas de neoliberalismo “es la
tendencia a la destrucción de «instancias
colectivas» –familias, partidos, comunidades, cultura…-, con el
fin de producir el sujeto postmoderno-individuo". Para conseguir esto es
imprescindible contar con las instancias escuela, TV, y la “exposición permanente
al espectáculo de la imagen”. La finalidad, citando la autora a
Dufour, es:
…hacer entrar los antiguos
aspectos privados, dejados hasta ahora a disposición de cada cual (subjetivación, sexuación…) en el ámbito de la mercancía (85)
Se busca el individuo desatado, desvinculado
y un “tipo de
racionalidad definida únicamente por la finalidad”
La consecuencia de este tipo de individuos, de cuerpo social, es
el peligro o la «necesidad» de
emergencia de «bonapartismos», es decir,
un intento de que el lazo social se restituya desde arriba, desde una
personalidad fuerte, desde un líder. Ya Marx vio este problema en el 18 Brumario.
Estamos, sostiene la autora, en el dominio
del síntoma, no de la causa: “La
causa es la situación sociohistórica del
desierto neoliberal, la sociedad atomizada, la destrucción
de la institucionalidad democrática y las
certidumbres políticas. A esto es a lo que hay que dar una salida política” (87)
[1] Guamán, Aragoneses et alii, Neofascismo.
La bestia neoliberal, Madrid, Siglo XXI, 2019
[2] Ibíd, 84ss.
